35 años sin Neruda



El pasado 23 de septiembre se cumplieron 35 años del fallecimiento de una de las más importantes figuras literarias chilena: Pablo Neruda. El aniversario pasó casi desapercibido (incluso para nosotros) aunque en Chile se han realizado algunas actividades para honrar a quien ganara el Premio Nobel de Literatura en 1971.

Neftalí Ricardo Reyes Basoalto había nacido en 1904 en la comunidad de Parral, en Chile y murió en Santiago, el 23 de septiembre de 1973, pocos días después del golpe de estado de Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende.

La Fundación Pablo Neruda organizó varias actividades para el aniversario de uno de los 10 chilenos más admirados. En La Chascona se llevó a cabo un recital, en Isla Negra se inauguró una exposición “Una mirada a Residencia en la Tierra”, organizada por la Dirección de Bibliotecas y Museos (DIBAM), y en la Casa Museo La Sebastiana en Valparaíso se realizó el recital poético de los participantes en el taller anual de poesía que dictan Sergio Muñoz e Ismael Gavilán.

El Partido Comunista de Chile también se pronunció con un breve comunicado en el que recordaron el compromiso político de Neruda. Pero las grandes celebraciones parecen estarse guardando para el bicentenario de la Nación suramericana, que se preparan para el 2010. Alli, tanto Neruda como Gabriela Mistral, tendrán un lugar muy especial como padres de la gran poesía nacional.

Vía | Yahoo! Noticias

 

Poema 7 de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada"


Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes
a tus ojos oceánicos.

Allí se estira y arde en la más alta hoguera
mi soledad que da vueltas los brazos como un náufrago.

Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes
que olean como el mar a la orilla de un faro.

Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía,
de tu mirada emerge a veces la costa del espanto.

Inclinado en las tardes echo mis tristes redes
a ese mar que sacude tus ojos oceánicos.

Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas
que centellean como mi alma cuando te amo.

Galopa la noche en su yegua sombría
desparramando espigas azules sobre el campo.

 

 

Poema 5 de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada"

Para que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.

Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.

Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.

Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.

Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.

Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.

El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.

Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.

Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.

Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.



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